top of page

Michoacán probará un modelo de producción sustentable de maíz a escala nacional

  • Foto del escritor: Daniela Benavidez
    Daniela Benavidez
  • 19 jul
  • 2 min de lectura

Michoacán será el punto de partida de un programa piloto del Gobierno de México para probar un modelo de producción sustentable de maíz basado en bioinsumos y prácticas agroecológicas.


La experiencia parte del programa estatal Agrosano, que opera desde 2021 y promueve el uso de microorganismos benéficos como alternativa dentro de la producción agrícola.


De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de Michoacán (Sader), el programa alcanza a más de 22 mil familias del campo.



Más de 100 microorganismos obtenidos de parcelas michoacanas


Una de las piezas centrales del proyecto es un cepario desarrollado con participación de la UNAM Campus Morelia, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), el INIFAP y el Laboratorio Nacional de Innovación Ecotecnológica para la Sustentabilidad.


Hasta ahora se han aislado, purificado y conservado más de un centenar de microorganismos procedentes de parcelas de maíz nativo de la Meseta Purépecha, el Bajío y Tierra Caliente.


De ese conjunto se seleccionan cepas por su potencial para elaborar biofertilizantes y agentes de control biológico.


Las primeras cepas madre ya fueron entregadas a biofábricas comunitarias ubicadas en Cherán, San Juan Nuevo Parangaricutiro, Tupátaro, Jiménez, Apatzingán y Nueva Italia. La UNAM, además, resguardará un banco certificado para conservar este material y permitir investigaciones posteriores.


Del laboratorio a la parcela


El planteamiento tiene un punto interesante: utilizar microorganismos obtenidos de los propios territorios agrícolas de Michoacán y vincular investigación científica con producción comunitaria de bioinsumos.


Pero el programa entra ahora en una etapa distinta. Que una cepa muestre potencial técnico no significa automáticamente que pueda sustituir insumos, reducir costos o mantener rendimientos en parcelas con condiciones diferentes.


Precisamente para eso sirve un programa piloto.


Su alcance podrá conocerse mejor cuando existan resultados sobre productividad, costos para las familias productoras, reducción de insumos convencionales y comportamiento de los biofertilizantes en distintas regiones.


Michoacán ya tiene el cepario, las primeras biofábricas y varios años de experiencia con Agrosano. La prueba nacional permitirá saber qué tanto de ese modelo puede trasladarse del laboratorio y las experiencias locales a una producción de maíz de mayor escala.

 
 
 

Comentarios


bottom of page